viernes, 28 de noviembre de 2008
The day Texas sank to the bottom of the sea
Pau me enseñó que no podemos olvidar. Es curioso, porque lo olvidé varias veces y me lo tuvo que recordar. Bailé con él una canción. Nunca supe su título ni su autor. Es más, creí que sólo existía en mi cabeza. Las canciones, normalmente, ¿cuánto duran? ¿Unos 3 minutos? Pues no te sabría decir bien si el tiempo que estuve bailando con Pau fue más o fue menos. Porque tengo la sensación de que cuando estoy con él no sirven los métodos ordinarios de medición. Un metro son dos kilómetros y medio, un minuto siete segundos o 24 horas. Depende. A veces, cuando le miraba fijamente, descubría entre su cabello oscuro pedazos de estrellas que algún día brillaron. No podía evitar preguntarme quién las había puesto ahí, ¿es que llovían estrellas? Nunca he visto una lluvia así, pero tengo claro que, en caso de presenciarla, arrojaría el paraguas al contenedor más cercano. Quizá lo que pasaba con el cabello de Pau es que un montón de estrellas habían adoptado su cabeza como lugar de vacaciones. Y esos diminutos pedazos con los que yo me encontraban eran deseos, sueños, que, una vez cumplidos, dejaron atrás. Por que, en definitva, esa es la vida para los humanos: Detruimos nuestro tiempo para lograr lo que queremos y, una vez conseguido, nos fijamos una nueva meta, casi olvidando aquello que, anteriormente, nos habría hecho enormemente felices. ¿Por qué no puede ser igual para las estrellas? Sin embargo, la hipótesis que cobró mayor fuerza en el expediente x de Pau fue la que aseguraba que esos pequeños objetos resplandecientes no eran trozos de estrellas, sino porciones de ideas. Eran ideas que ya no le cabían en el corazón, tampoco en la cabeza, y surgían al mundo exterior. Quedaban desamparadas, por lo que su tamaño iba disminuyendo considerable y progresivamente. No hay ninguna ley que establezca que las ideas no pueden ser pequeñas, brillantes ni de aspecto agradable, ¿o me equivoco? Pues ésas eran las ideas de Pau en una especie de estado de descomposición. Él decía que mi corazón estaba en una constante lucha, yo, a menudo, le respondía: "This fight has just begun". ¿Por qué en inglés? Hay ciertas frases, conceptos, que están hechos para ser pronunciadas en un determinado idioma. Por ejemplo, alguien no puede declarar su amor en alemán, tiene que hacerlo en italiano, quizá en francés. Ese tipo de cosas deberían estar reflejadas en el Código Civil español. A mí me hacían mucha gracia las metáforas de Pau. Parecían estar hechas con pincel y acuarelas, con colores pastel. Eran delicadas, mágicas, y siempre suaves. Ahora las echo de menos, le echo de menos. Es curioso ver la facilidad con la que algunas personas pronuncian las palabras más complicadas, como "Te quiero". Mi abuela, que era una cascarrabias, me dijo en una ocasión que no le dijera que la quería, pues consideraba que no había entre nosotras una relación de afectividad tal como para que existiera amor. Yo, que tenía unos 10 años cuando me riñó, no entendí nada. Años después, puedo asegurar que comprendo perfectamente sus palabras. Y ojalá ella supiera cuánto se las agradezco. Cuando Pau se marchó, las ideas marchitas que reposaban sobre su cabello debieron rejuvenecer o tomar algún tipo de medicina. Compró unos pinceles nuevos y, con las mismas acuarelas con las que fabricaba sus metáforas, llenó las paredes de mi habitación con corazones. Había de todos los tamaños y colores. Algunos más grandes que mi miedo, otros más pequeños que un botón. No quedó ni un rincón por pintar. El corazón más grande de todos, rojo, decía: "It's not a lot, but it's all that I've got to hang myself with". Y, de pronto, recordé la canción que bailamos.
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1 comentario:
y yo podría subirme a un tren con última parada: tu sonrisa
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