Te conocí en una de esas zonas a las que van los niños que se pierden en los centros comerciales. Fue en invierno, en uno de esos inviernos en los cuales necesitas el frío para saber que sigues viva, que puedes sentir. Yo había perdido de vista a mis padres porque me empeñé en salir corriendo detrás de uno de esos globos con eslóganes publicitarios que se regalaban entonces y que ahora ya no da nadie porque todos vemos la televisión y, además, estamos en crisis. Tú te despistaste porque quisiste seguir a una de esas chicas que van por las grandes superficies en patines. Me dijiste que solías ver campeonatos de patinaje sobre hielo con tu abuela, que de joven fue patinadora, y que te fascinó que aquella chica pudiera deslizarse sobre el mármol del centro comercial. Aún así, debo reconocer que yo siempre he pensado que quizá sólo intentabas ver lo que había debajo de su falda. Allí, puede que no aprendiese la definición de la palabra amor, pero siempre recordaré tus ojos, vestidos de miedo. Creo que, para ambos, los escasos 15 minutos que pasamos en el lugar de los niños perdidos fueron mucho mejores que toda una vida de Peter junto a Wendy.
Y desde entonces no he dejado de escribirte poemas y de mentirme diciéndome que los leerás. Mesa para dos en un cohete ruso, y me siento sola.
¿Sabes a qué me dedico? Ya no robo caramelos, ahora escribo guiones. Cuando sientes que tu vida es una puta mierda, lo mejor que puedes hacer es inventar otras. Y así fue como empecé con esto. Pero tengo un pequeño defecto de fábrica, y es que nunca termino nada de lo que empiezo, así que imagínate. Si escribiese una serie, tendrían que dejar de emitirla alegando falta de audiencia, porque yo jamás sabría cómo terminarla. Sólo he terminado un guión, pertenece a una de esas películas dramáticas en la que el que no acaba mal está muerto. La llamé Abril, no sé porqué. Y la escribí para todos aquellos que, como yo, siempre defendieron que si pintas el techo de una habitación de color azul, puede llegar a ser como el cielo. Trata mayormente de esperar, de que nos pasamos toda la vida esperando. Cuando somos niños no esperamos (porque somos felices), después esperamos a cumplir los 18 años, más tarde a terminar la carrera, luego a formar una familia y, por último, que la familia que formamos no nos abandone en un asilo. Realmente, es todo un punto a mi favor que en español no existan distinciones entre "hope" y "wait", o como en "espérer" y "attendre". Ahora voy de puerta en puerta, preguntando por alguien que esté interesado. Pero, no, nada.
Sé que tengo que pedir perdón más veces de la cuenta. Tengo un montón de fotos de tu sonrisa, y te lo digo porque una vez me confesaste que no sonreirías si no tuvieras la certeza de que existe alguien que quiere verte sonreír. Recuerdo que tocabas el piano mientras yo buscaba en el diccionario las palabras que leía en tus ojos. "Yo no corro para coger un autobús que no me lleve a ti", me dijiste en nuestra parada. Siempre recordaré esa frase. De hecho, pensé en incluirla en Abril, pero me convencí -tras discutir largo y tendido- de que ese momento era, o es, demasiado nuestro como para compartirlo con nadie más.
Yo me declaro incapaz de escoger una canción preferida mientras tú sigues buscando en el buzón los besos de alguien que nunca existió.
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8 comentarios:
llego desde tu flog.
me encanta como redactas
"Cuando sientes que tu vida es una puta mierda, lo mejor que puedes hacer es inventar otras. Y así fue como empecé con esto."
Hola. Te veo al otro lado del espejo. Pero sigue siendo todo una mierda.
enenenenenenene
sigo esperando tu respuesta.
algun dia lo haras, no es verdad?
te extraño
Siempre quedará el seguir robando caramelos y colárselos en el buzón por la noche. Aunque no es lo él espera.
:**
inventar es vivir.
vivir.
vivir en invierno
Te sigo desde el blog también :)
megustaria tenerte en mi mesita de luz.
te amo.
no me importa cuántas veces te lo hayan jurado ya,
no me importa, las desilusiones, no me importa.
yo juro, que te amaré por siempre.
y que siempre me tendrás ahí, para vos.
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