1. Colecciono toneladas de cosas. No exagero. Tengo desde llaves antiguas que ni siquiera sé qué abren hasta pestañas, pasando por canciones capaces de emocionarme y piedras.
2. Me hace ilusión entender qué dicen las canciones en inglés sin leer las letras. Es ridículo, lo sé, pero ¡no puedo evitarlo!
3. Mi palabra preferida es "paz". Amo toda palabra que termine en z; como maíz, antifaz, luz, voz y desliz. Pero, sobre todo, paz. Es perfecta, sin más.
4. Creo en el amor por encima de cualquier otra cosa.
5. Me da miedo la oscuridad, desde pequeña. Que nadie pregunte por qué, no sabré contestar.
6. Nunca recuerdo lo que sueño. Paradójicamente, sí suelo acordarme de las pesadillas. Será que despierta ya sueño demasiado.
7. Tengo tan claro que no podría vivir sin música que hace relativamente poco tiempo decidí que me enamora la idea de vivir en determinadas canciones.
8. La poesía es mi droga. No me gusta leer novelas, una gran parte de ellas me aburre. Así que me refugio en el teatro o en la poesía, pero sobre todo en ésta última.
9. Suelo llegar tarde a los sitios, a no ser que me muera de ganas de ver a la persona en cuestión (en tal caso, llego como media hora antes).
10. Me gusta descubrir por la calle a dos señores mayores besándose, o yendo cogidos de las manos. Pueden llevar una vida entera dándose amor o apenas unos meses, pero no deja de encantarme. Es, de algún modo, la prueba de que nunca dejamos de buscar.
11. Me encanta despertarme y ver que tengo la cara llena de las marcas que deja la almohada. Me hace sentir viva.
12. Soy demasiado perfeccionista, demasiado terca, demasiado orgullosa, demasiado realista, demasiado sensible, demasiado romántica y, quizá, demasiado expresiva.
13. El día más feliz de mi vida lo viví cuando tenía alrededor de 10 años. Tuve que recitar un poema delante de un montón de personas y, aunque la poesía (la cual, por cierto, todavía recuerdo) no tuviese nada de bonita, me sentí bien. Sentí que no me importaba pasar el resto de mi vida recitando poemas para todas esas personas, o simplemente para mí. Y los aplausos me sirvieron para acelerar.
14. Cuando empecé a tener uso de razón me di cuenta de que nací para ser periodista. La idea de hacer reportajes de investigación o de lanzarme a la calle micro en mano acompañada por una cámara me vuelve loca.
15. Detesto con todo mi ser esperar, los prejuicios, la idea de que la justicia no existe, sentirme perdida o ser incapaz de pedir perdón.
16. No creo en Dios, tampoco en Alá, ni en Buda. No soporto las religiones, pienso que sólo engendran odio y guerra. Pero admiro, de verdad, a las personas que son capaces de creer. Siento una especie de fascinación por la gente que tiene esa fe absoluta. Me impresiona. Es tan... Humano. Es prácticamente conmovedor el hecho de que se piense que, pase lo que pase, hay una fuerza mística ahí arriba que nos va a acoger en sus brazos el día que muramos. No lo comparto en absoluto, porque la lógica y la razón me lo impiden, pero me gustaría poder tener esa confianza tan ciega en algo o alguien que no tengo certeza de que existe.
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