- Entonces, creo que ya está. Aquí terminamos.
- Vale...
- ¿Vale? ¿Eso es todo lo que vas a decir?
- Supongo.
- ¿No vas a llorar? ¿No vas a pedirme que no me vaya?
- No. ¿Qué más da? Antes me habría importado, ¿sabes? Me he dedicado toda mi vida a pensar que el destino era una excusa de mierda de la gente religiosa para rezar y seguir esas putas órdenes que ellos mismos se imponen. Y ahora no sé si existe o no, ni siquiera estoy segura de querer saberlo. Pero sé que, pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, vamos a morir. Todos. La única cosa segura es la muerte. Qué triste, ¿no? Saber que, después de todo, sólo somos un montón de huesos. Huesos y más huesos que se amontonarán en cementerios. O cenizas y más cenizas que irán a parar al mar o a cualquier hurna de cualquier estantería. Me recuerda a lo que pasa con el polvo. ¿Nunca te has parado a contemplarlo? Es fascinante. ¿Sabías que el polvo doméstico está formado en mayor parte por células que se desprenden de nuestra piel? Es extraño. Vamos perdiéndonos poco a poco cada vez que realizamos un movimiento, por simple que sea. Vamos disolviéndonos un poco cada vez que respiramos, vamos desapareciendo un poco cada vez que nuestro corazón late. Somos un cigarrillo en los labios del encargado de manejar las marionetas (si es que lo hay, claro), llámalo Dios, llámalo Alá, llámalo George Bush. Nos morimos. Caminamos hacia nuestro único objetivo real y cierto. Caminamos desde la incertidumbre hacia lo seguro. Y no tendríamos que tener miedo de la muerte, ¿no? Porque es la única puta cosa en este mundo que sabemos que va a pasar. La vida, en cambio, es un conjunto de accidentes, casualidades, actos y consecuencias que nos lleva de un lugar a otro. La vida no es más que un océano en plena tormenta, un volcán en mitad de una erupción. Y a nosotros nos preocupa la muerte. Somos absurdos. No voy a suicidarme porque me digas que ya no quieres follar conmigo o porque me digas que ya no vas a robar flores del jardín de los vecinos para mí. Puedes sucidarte tú si quieres, pero no te lo tomes a mal. Es que creo que ya he entendido qué hacemos aquí. Creo que ya he entendido por qué subimos todos los días a esta azotea y nos sentamos en este sofá. Si llueve me crecen flores en el pelo, ¿lo sabías? Y ni siquiera entiendo por qué prefiero los climas secos. Naces. Con suerte, naces en el Hemisferio Norte y no tienes graves problemas, aunque te dirán que los tienes. Soledad, lo llamarán. Envidia, locura, pereza, estupidez, desconfianza... Yo qué sé. Las civilizaciones modernas tendemos a bautizarlo todo con nombres ridículos y, a la hora de la verdad, sólo nos entendemos con balas o bombas. Naces en el Hemisferio Norte. Y te ponen un nombre, uno bonito. Creces. Tienes tu PlayStation 3948357358 Edición Limitada Pack Deluxe con 9388 juegos. En ellos atropellarás a todo aquel que te impida ganar la carrera, empuñarás rifles de asalto, robarás cafeteras en pequeños comercios o ganarás el mundial de fútbol, la ensaladera de plata y las Olimpiadas. Aunque también puedes crecer con tu muñeca Barbie, la cual tendrá casi más ropa que tú y será negra aunque tus padres voten a la derecha más radical. En fin, el caso es que creces. Y después pides permiso para hacer un montón de cosas que terminas haciendo cuando has cumplido los dieciocho porque, joder, nunca te dejan hacer nada. Y vas a la universidad. Da igual si estudias lo que te gusta, lo que quieren tus padres o lo que te dará un empleo seguro. Sí, da igual. Porque terminarás averiguando por ti mismo que todo es la misma mierda. Y que te has pasado la mitad de tu vida estudiando para acabar pensando que te has equivocado. En todo. Sí, en todo. Y conocerás a John si eres chica, a Mary si eres chico. Eso sí, que no se te ocurra hacerlo al revés. Ya sabes, chicas con chicos y chicos con chicas, todo lo demás debería estar en el centro psiquiátrico más cercano. O eso te dicen tus padres, que siguen votando a la derecha más radical. Al fin, te casas con John o con Mary. Si te casas con John, terminarás visitando el hospital bastante a menudo porque a él no le parecerá bien que no le acompañes a ver el partido de la NFL. Si te casas con Mary, terminarás follándote a tu secretaria porque Mary no querrá acostarse contigo después de haber conocido a su profesor de yoga. Tendréis dos hijos maravillosos: Ashley y Adam. Ashley será la capitana de las animadoras y, con el tiempo, quizá encontrará a su propio John. Adam será tan buen jugador de baloncesto que lo ficharán Los Ángeles Lakers y formará parte del equipo por mucho tiempo, sí, se encargará de limpiar el sudor que sus ídolos dejen al caer al suelo. Moriremos solos. Moriremos solos en un sofá como éste, viejo, que olerá a neftalina y tendrá manchas de café. Por eso subimos a esta azotea y nos sentamos aquí. Porque necesitamos huir. Tratamos de huir de nuestro destino, de la muerte y de toda esa mierda a la que estamos expuestos si bajamos ahí, al mundo real, a esa macedonia de luces y de bombas. Pero yo ya lo he entendido, lo entendí una vez mientras contemplaba una gran acumulación de polvo que se había formado bajo mi cama. Morimos lentamente. Cada derrota y cada victoria, por grande o pequeña que sea en realidad, nos mata un poco. Tú me acabas de disparar. Me has dicho con una retórica propia de la civilización moderna que tiende a bautizarlo todo que no quieres volver a follar conmigo y que no robarás más flores del jardín de los vecinos para mí. ¿Qué se supone que debo hacer? Que no llore no significa que no quiera llorar. Que no te pida que no te vayas no significa que quiera que te vayas. Que no me cabree, no suplique o no haga inventario de todos los momentos vividos juntos para que te sientas culpable por dejarme no significa que no tenga un agujero negro en el pecho. Pero hace ya tiempo que ese agujero negro está destruyendo materia intagible, porque hace tiempo que pasé de querer perderme en la macedonia de luces a fumar basura de Marlboro sobre este sofá contemplando cómo termina el mundo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
vaya que te desahogaste!
me invitas a sentarme en ese sofa?
no fumo, pero me encanta observar...
:)
saludos!
escribes muy bien... Me encanta el texto, es una pasada. Creo que es una estupidez preocuparse por la muerte...eso si, creo que si vamos a morir de todas formas, al menos intentemos vivir bien, no?:)
te sigo!
pasate por mi blog, y si te gusta, sigueme:)
http://charlotte-sundaysmorning.blogspot.com
Digo, sobre todo, el mismo final de tu conversación...
Gustó leerte. Saludos!
Publicar un comentario